By Brujula y Tenedor
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El parque nacional Cat Tien entró como polizón a nuestro itinerario de viaje por Vietnam. De sorpresa nos encontramos con la información de este enorme parque nacional a unos 150 kilometros de Saigon (Ho Chi Minh), y en nuestro afán por descubrir la naturaleza y los animales de cada país, reacomodamos todo para dar una vuelta por este algo alejado y todavía desconocido lugar.

Cat Tien es una de las reservas más grandes de Vietnam con un área de 720 km2. Aquí habitan una gran variedad de flora y fauna, desde osos, ciervos, leopardos y monos, hasta un sinfín de especies de árboles y plantas. Uno de estos animales es el símbolo del parque y uno de los motivos por los que la gente se acerca a explorar este trozo de tierra: los Gibones.

La población de gibones, característica de las zonas más selváticas del sudéste asiático, se ha visto disminuida intensamente en los últimos años, llegando a estar en grave peligro de extinción, por lo que su posible encuentro en hábitat natural cada vez se hace más difícil y es por esto mismo que lugares como el parque nacional Cat Tien son tan necesarios para su conservación. Estos primates son la mayor razón por la que los turistas se acercan a esta algo alejada zona de Vietnam, ya que se sabe que este parque es uno de los mejores lugares en todo sudeste asiático para verlos en su hábitat natural. Tanto es así que, con un poco de suerte, por las mañanas hasta se pueden escuchar los gibones aullando y despertando a la selva de su oscura noche.

 

Cat Tien y el río Dong Nai desde las alturas

 

La primera tarde que llegamos a Cat Tien salimos a dar una vuelta por el sector. El pueblo es muy pequeño, un par de restaurantes, hostales y ya está. El turismo esta recién comenzando en esta área y los recursos aún no son suficientes para desarrollar una estructura que permita mucho público. Por un lado eso esta bien, pero por otro, la falta de recursos es notoria en cuanto a las actividades y formas de conocer el parque, ya que a veces pareciera que Cat Tien es un pequeño gran pedazo de selva que se quedó estancado en los años 70 y no ha logrado adaptarse a la velocidad de nuestros tiempos.

La primera noche, decidimos realizar un paseo nocturno por el parque, en el hostel y en todos los folletos que leímos decían que era una excelente hora para ver la jungla ya que los animales están más activos y hay más posibilidades de avistarlos. Un paseo en jeep por la noche en la selva no parecía nada de malo. Al llegar al punto de partida del “safari” nocturno nos encontramos con un camión que en la parte trasera habían instalado precarios asientos de metal donde podían caber al menos 20 personas, y así sucedió. Junto con nosotros llegó una banda de turistas sobre todo asiáticos que se subieron ansiosos y amontonados al camión. Así partió ruidoso y rampante safari por un camino semi-pavimentado que bordeaba el parque.

Algunos animales aparecían a lo lejos entre el follaje de la selva, pero ante cada avistamiento la gente gritaba de sorpresa y por supuesto, el animal corría despavorido ante un camión de 15 toneladas y un tropel de turistas emocionados. En mitad del paseo comenzó la lluvia y al no tener ningún techo, todos los pasajeros que íbamos en la parte trasera, quedamos mojados hasta los calcetines, cosa que a algunos no les parecía tan excitante, por lo que al chofer no le quedó otra que dar media vuelta para volver pronto al punto de inicio y no llevarse reprimendas de alguno de los pasajeros.

Nos quedamos así, sin ver animales, completamente mojados y con la sensación que las cosas no fueron como esperábamos.

Llegó la mañana y partimos en seguida a cruzar el río en la balsa que te deja al otro lado que da la entrada al parque, esta vez a recorrerlo sin más guía que nuestros pies. El parque tiene algunas caminatas relativamente bien indicadas que permiten ver la flora del lugar y si tienes suerte, cruzarte con algún animal.

 

Caminando por la selva de Cat Tien

 

Comenzamos a caminar sin contratiempos, siguiendo los senderos y adentrándonos en una especie de jardín botánico natural donde nombran diferentes especies de árboles y plantas, pero eran tantas y tan variadas que nos dedicamos a contemplar más que a leer sus nombres. A la salida del húmedo bosque llegamos a un camino más amplio donde nos percatamos que cargábamos con unos indeseados habitantes de la selva: sanguijuelas.

Por algún motivo nos miramos y fue ahí que nos dimos cuenta que cada uno llevaba sobre sí como condecorados con medallas aventureras, más de un par de sanguijuelas buscando algún hueco por donde entrar en contacto con la piel. Tratamos de no entrar en pánico y buscamos ramitas para hacer a un lado a los polizontes. Después de algunos minutos de revisión de ropa, zapatos y calcetines, continuamos la ruta con más cuidado de no pisar charcos, pero la ilusión de un camino seco y marcado se desvaneció rápidamente.

El camino indicaba que para dar la vuelta había que entrar en la selva nuevamente, y obedientes continuamos la senda indicada con una pincelada de color azul en la corteza de algunos árboles. Un poco más adelante la ruta se desvanecía en agua y barro. El fantasma de las sanguijuelas seguía aún latente en nuestras cabezas pero no íbamos a dar media vuelta. Esta vez la valentía fue superior y decidimos continuar con cuidado y revisándonos de tiempo en tiempo. Atravesamos innumerables charcos, enormes árboles centenarios y algunos monos se cruzaron también por el camino hasta que encontramos la senda de vuelta que nos llevó hasta el muelle para cruzar el río nuevamente e ir a descansar a nuestro hostal.

Lo primero siempre al llegar de una caminata es darse una ducha de esas que son merecidos relajos. Carla entró primero y yo me preparaba para mi turno cuando escucho un grito de alarma:

– ¡¡Eduu!! ¡Veen!

¡Sanguijuelas!

Me apresuro al baño y la vi, una sanguijuela pegada a la pierna de Carla, había crecido un poco, se le notaba gordita y saciada de sangre. Solo atiné a sacarla con cuidado pero con firmeza. Al hacerlo la mandé al mundo subterráneo de las cañerías mientras que la pierna de Carla comenzó a sangrar un poco pero de forma constante. Hicimos un par de limpiezas de la herida para evitar infecciones, pero el anticoagulante de la saliva de las sanguijuelas no dejaba que la herida cerrara bien. Así fue durante un par de horas hasta que al final el sangrado terminó. El día terminaba con una gran tormenta y nos dormimos con el fuerte sonido de la lluvia sobre el techo. Nos esperaba madrugar a la mañana siguiente y salir en búsqueda de una de las principales atracciones que veníamos a ver: los gibones.

El despertador comenzó a sonar sobre las 4 de la mañana. Nos vestimos apenas conscientes en la oscuridad y cámara en mano, salimos a encontrarnos con nuestro guía. Esta vez íbamos preparados para evitar a las sanguijuelas; pantalones dentro de los calcetines, camiseta manga larga y una rociada de repelente sobre la ropa. Ya habíamos aprendido la lección.

Cruzamos el río y rápidamente el guía nos llevo directo a la selva. Como un animal de presa parecía que olfateaba el ambiente y a cada mínimo sonido giraba la cabeza y se quedaba observando algunos segundos en silencio antes de proseguir la marcha. Pasamos así unas dos horas en silencio, caminando y deshaciendo pasos en medio de la selva hasta que al final se rompió el silencio.

– Ahí, ¡Miren!

Y al subir la vista a la copa de un enorme árbol una pareja de gibones revoloteaba de rama en rama, la emoción siguió subiendo, cuando nos percatamos que ¡tenían crías! Nos quedamos ahí todo lo que pudimos compartiendo casa junto a estos gibones que jugaban con gran agilidad colgando de árbol en árbol. El guía tampoco ocultaba su felicidad, no solo por haber cumplido exitosamente su trabajo de rastreo, sino que estaba honestamente feliz por este nuevo encuentro con estas criaturas que probablemente ya formaban parte importante de su vida, como una especie de familia salvaje extendida.

La tarea estaba cumplida, volvimos a la orilla del río con el corazón pleno gracias a este nuevo encuentro salvaje. Nos despedimos de nuestro guía y un par de horas después hacíamos las mochilas para dar por terminada nuestra aventura por las tierras del parque nacional Cat Tien

 

gibones en vietnam

El momento que encontramos a los buscados Gibones

DATOS ÚTILES

CÓMO LLEGAR

→ Autobús desde Ho Chi Minh City: la forma más fácil de llegar es tomar un autobús en HCMC que tarda unas 3 horas hasta el cruce con un pequeño poblado llamado Phu Son. Desde la carretera se puede arreglar previamente un taxi con el alojamiento en Cat Tien o pagar por un taxi allí mismo.

Nosotros viajamos con la compañía de autobuses FUTA, que es de las más confiables de Vietnam. Puedes comprar el ticket a través de su página web o en sus oficias ubicadas en distintas partes de HCMC (ver ubicación).

Valor: bus desde HCMC $240.000 dong por persona ($10 USD aprox.) – taxi hasta Cat Tien ¢300.000 dong ($12 USD) por viaje.

 

→ Taxi o van privada: también se puede contratar un taxi o auto privado. Esta es una buena opción para grupos de 4 o más personas.

Valor: 2.000.000 dong ($86 USD aprox)  por automóvil aproximadamente.

 

INGRESO AL PARQUE

El parque nacional Cat Tien está ubicado al otro lado del río Dong Nai, en el poblado de Nam Cat Tien. Para ingresar al parque se debe cruzar el río cada vez y comprar el ticket correspondiente para el cruce que cuesta $60.000 dong por persona ($2.5 USD). Una vez dentro, no se debe pagar nada a no ser que quieras realizar alguna actividad extra.

 

DÓNDE DORMIR

Hay dos opciones para dormir en las cercanías del parque nacional Cat Tien:

→  Dentro del parque: existe un hotel dentro del mismo parque nacional llamado Forest Floor Lodge, pero los precios son bastante elevados con respecto al resto de los alojamientos. Existen también paquetes turísticos que incluyen alojamiento en este lugar + guías y actividades por el parque.

→ Fuera del parque (Nam Cat Tien Village): la mejor y más económica opción es quedarse en alguno de los varios alojamientos que hay al otro lado del río. Hoteles, pensiones y cabañas frente al río son algunas de las opciones. Recomendamos el alojamiento “Green Bamboo“, que se puede reservar directamente a través de su página web o a través de Booking.com

 

QUE HACER:

→ Trekking por libre: quizás siempre lo mejor al recorrer un parque nacional es agarrar un mapa y caminar por los miles de senderos que hay. Eso sí ¡cuidado con las sanguijuelas!

→ Paseos en bicicleta: otra opción es arrendar una bici por el día por $30.000 dong  ($1.3 USD) la hora ó $120.000  dong ($5 USD) por el día completo y salir a explorar sobre ruedas.

→ Safari Nocturno: recorrido por el parque a borde de un camión con asientos en la parte trasera de mas o menos una hora donde se puede observar fauna local. Valor $100.000 dong ($4 USD) por persona.

→ Lancha por el río: muchos alojamientos (entro ellos el que recomendamos más arriba) ofrecen paseos por el río en bote al atardecer para avistar fauna local y son una muy buena alternativa. Valor $120.000 a 180.000 ($4 a 8 USD) dong por persona.

→ Encuentro con Gibones: la actividad más buscada, aunque también la más cara para hacer dentro del parque es el tour guiado para avistar gibones. La actividad comienza a las 5.00 am, antes del amanecer, y junto con un guía local, se recorre la profundidad del parque en búsqueda de los codiciados monos. El trekking dura entre 2 y 3 horas, dependiendo de cuánto se tarde en encontrar a los gibones, considerando que hay veces que no hay suerte. Después te dan un break de una hora para desayunar y luego se puede ir a visitar un centro de rehabilitación de animales que está dentro del mismo parque. Valor $50 USD con todo incluído (cruce+guía+cruce).

 

Esperamos que esta guía por el parque nacional Cat Tien les haya motivado a visitar uno de los lugares más salvajes que aún se conservan en Vietnam y les sea de ayuda para organizar su próxima aventura.

¡Cualquier pregunta no dudes en dejar tu comentario más abajo o escribirnos por redes sociales.!

 

 

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